martes, diciembre 06, 2005

La patria ante todo.........


Los batallones que se comenzaron a formar durante el verano de 1979 y que posteriormente fueron enviados al norte, específicamente a Antofagasta, contaron con la presencia femenina de cantineras, quienes estaban previamente autorizadas. Sin embargo,para llegar a ocupar este puesto no era tarea fácil.
Primero que todo, la mujer interesada debía solicitar permiso a un regimiento, el cual aceptaba o no a la postulante. Si esta era aceptada pasaba a ser parte del ejército, pero estaba la posibilidad de ser rechazada, en ese caso ella podía apelar, siendo ésta evaluada por el Comandante del regimiento en cuestión.[1]
Un ejemplo de esta situación es una carta en el diario El Mercurio de Valparaíso que se publicó, amablemente, una carta de petición de una mujer que quería pertenecer al grupo de Cantineras del Regimiento Valparaíso, pero que había sido rechazada: Con fecha 12 de agosto de 1880 se comunica que...”una entusiasta dama, decentemente vestida, que a toda costa quiere ir a la guerra como cantinera del Regimiento Valparaíso...Desgraciadamente no quieren aceptar sus servicios, porque primero les ofreció al cuerpo y le dijeron que no tenían plaza de cantinera; después presentó la solicitud a la Intendencia, y le contestaron que eso dependía exclusivamente del coronel del regimiento, por último ha acudido a nosotros, y nosotros todo lo que podemos hacer es agradecerle su buena su buena voluntad para servir a la patria y acceder a su deseo de publicar estas líneas para que, como se nos dijo indignada, llegue a conocimiento del Congreso que no quieren admitirla con servicios de cantinera voluntaria.”[2]
También podían inscribirse en los registros de los soldados, pero para desempeñarse como cantineras o, en su defecto, como asistentes para auxiliar a los enfermos y a los combatientes en la batalla.
Pero, muchas veces ninguna de estas vías legales fue utilizada por las mujeres, pues no lo intentaron o no fueron aceptadas,por lo cual tuvieron que buscar nuevos medios para ingresar a los batallones que iban rumbo al norte. En las memorias de Arturo Benavides - Seis años de vacaciones-, hay un relato sobre cómo las mujeres en su desesperación son capaces de hacer cualquier cosa para ir a la guerra, incluso vestirse de soldado.
Fue tanta la cantidad de mujeres que intentaron embarcarse y partir a la guerra, que para detener la afluencia de mujeres que llegaban a Valparaíso en ferrocarril de todos los puntos del país, fue necesario que el gobierno tomara cartas en el asunto. Normalmente se les entregaba gratis el pasaje, tanto a hombres como a mujeres que iban al campo de batalla,pero frente a esta situación, sólo se le dio autorización de viajar a las mujeres que vivían en la zona norte. A pesar de los intentos por reglar y disminuir el contingente de mujeres que viajaban al norte, éstos no fueron eficaces.
[1] Larraín, Paz. “La Presencia de la Mujer Chilena en la Guerra del Pacífico” Universidad Gabriela Mistral, 2002, Santiago. Pp. 38-39

[2] El Mercurio, Vaplaraíso, 12 de agosto de 1880, p. 2