viernes, diciembre 16, 2005

La huella de las cantineras



Si bien el rol de la cantinera no ha sido valorado por la historiografía militar, es necesario advertir que los medios de la época y sus camaradas de batalla sí les reconocieron su incalculable valor. Es por lo anterior que ahora pasaremos a revisar la imagen que ellas proyectaron dentro del ejército, como también los homenajes que se realizaron en sus nombres.
En las memorias de militares que participaron en la Guerra del Pacífico se puede encontrar testimonios que dan a conocer el gran respeto que los soldados tenían a estas mujeres. Es el caso de Estanislao del Canto: “ Se hacía notable por su heroico valor la cantinera del 2° de línea, María Ramírez, la misma que fue prisionera en Tarapacá y que se libertó con las acciones de Tacna. Esta cantinera salió de Lurín llevando un barrilito de jerez con agua para darle a los heridos, lo que ejecutaba religiosamente, y algunos heridos con su propia boca, a causa de no poderlo hacer de otra manera, por el contenido del barrilito y sintió el toque de carga, lo arrojó lejos, y tomando fusil un fusil de un soldado herido se fue ciega sobre las trincheras gritando: Síganme, muchachos, que ya los cholos arrancan “[1]
De esta forma, podemos visualizar que sus pares se impresionaban con lo que eran capaces de hacer, con la entrega y valor con el que enfrentaban las vicisitudes que la batalla les ponía enfrente.
Uno de los personajes que más exaltó el papel que desempeñaron las cantineras fue Nicanor Molinare, un escritor contemporáneo de la Guerra del Pacífico. Por medio de sus obras logró rescatar el verdadero heroísmo, afirmando que: “sólo los que hemos cargado el uniforme del Ejército de Chile, y hecho vida campaña activa y olida alguna vez la pólvora, podemos apreciar cuanta abnegación, caridad y patriotismo, gastaron las pobres camaradas de nuestros soldados en la Campaña del Pacífico”[2]
Molinare, hace referencia a lo difícil que será para los veteranos de la guerra olvidar a la Irene Morales o el sacrificio que ellas en Concepción, la presencia de Clara Casados o Eloísa Poppe, puesto que: “llovían las balas, y esas patriotas mujeres, sin temor ninguno, confortaban, curaban y ayudaban a bien morir a los que, la mala suerte enviaba a pasar la última revista; y sin espera galardón, ni premio alguno, cumplían estrictamente con su deber. ¡Ah! Esas camaradas como nadie cumplieron con su misión”[3]
[1] Del Canto, Estanislao. “Memorias Militares”. Centros de Estudios Bicentenarios, Santiago, 2004, p. 126
[2]Larraín, Paz. “La Presencia de la Mujer Chilena en la Guerra del Pacífico” Universidad Gabriela Mistral, 2002, Santiago. p. 49

[3] Idem