viernes, diciembre 09, 2005

Carta Cantinera María Quiteria Ramirez

A través de esta carta se puede demostrar cómo lucharon las cantineras y de que fue una realidad su presencia en las batallas del Ejército chileno. También hay que tomar en cuenta la situación en la que queda esta valiente mujer después de la guerra, buscando un poco de justicia en cuanto a temas como recompensas y pensiones. Este tema se hace presente también para los veteranos de la guerra del pacífico, los cuales junto con las cantineras son héroes que quedaron en el olvido.

Inspector General del Ejército
Soy la Cantinera del Regimiento 2ª de Línea María Quiteria Ramirez

En el mes de Octubre de 1879 me embarqué para Antofagasta y el 14 del mismo mes, después de una entrevista con el valiente Comandante Don Eleuterio Ramírez fui aceptada y em incorporé como primera Cantinera del Regimiento 2ª de Línea. Poco después pasamos a la Toma de Pisagua.
En este lugar el Comandante Ramirez me expresó que tan luego como se pasase revista se determinaría el sueldo que me correspondía por la plaza que ocupaba en el Ejército, pero la revista no se llevó a efecto porque marchamos inmediatamente al campamento de Dolores. Después de ese Combate mi Regimiento marcho a batir las fuerzas peruana a Tarapacá donde caí prisionera con algunos soldados del Ejército.
Hice a pie la travesía de Tarapacá a Arica prisionera del General Buendía; la toma de Arica por nuestros valientes soldados me dio la libertad, olvidé mis sufrimientos y volví a incorporarme a mi mismo Regimiento, el 2ª de Línea.
Preparada la Expedición a Lima, nos embarcamos para Pisco y de ahí hice la travesía por tierra del Valle de Lurín, me encotré en el Combate de Chorrillos y en la sangrienta jornada de Miraflores entrando enseguida a Lima con el Ejército vencedor.
Regresé a Chile con parte del Ejército el día 14 de marzo de 1881 y mi salud quebrantada por tantas fatigas me puso a las puertas de la muerte después de haber escapado a las balas; una horrible enfermedad del hígado y una fiebre terciana tenaz, habrían dado fin a mi vida si no hubiese hallado la mano acritativa de una comisión que daba auxilio a los heridos y que me atendió generosamente hasta ponerme fuera de peligro.
Vengo ahora señor en solicitud de los sueldos o recompensas en que puedo ser acrredora por los servicios que he prestado en el ejército y suplico a US. pida informe a los Jefes de mi Regimiento que actualmente están en Santiago mi Coronel Don Miguel Arrate, mi mayor Sr. Don Pedro Nolasco del Canto.
Quedaré eternamente agradecida de cuanto se haga por mi, viviendo hoy día como vivo en la mayor indigencia.
Es Justicia
María Quiteria Ramírez

2 Comments:

Anonymous León de las Indias said...

Saludosssss

viernes, diciembre 16, 2005  
Blogger Ricardo said...

como siempre despues de la guerra todos son generales (politicos)

queda bien el dicho
LOS HOMBRES ADORAN A DIOS Y AL SOLDADO EN EL PELIGRO, NO ANTES....
CUANDO EL PELIGRO HA PASADO DIOS ES OLVIDADO Y EL SOLDADO DESPRECIADO.

domingo, enero 29, 2006  

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